Civiciti uses cookies to make your experience better. More info

Todo para el pueblo, pero con el pueblo.

30/08/2017

Por Verónica Fumanal. Directora en Estudio de comunicación Verónica Fumanal.

 

Si pensamos en participación ciudadana, un nombre propio acude a nuestra mente, Porto Alegre, la ciudad brasileña que en los años 80 inició una revolución institucional que evolucionaba la democracia representativa hacia una democracia participativa en un ejercicio que pretendía escuchar, dialogar y representar a sus ciudadanos contando con ellos: todo para el pueblo, pero con el pueblo

En los últimos años, el compromiso ciudadano con la política parece haberse incrementado. Si atendemos a las encuestas publicadas el interés hacia la política se ha disparado, tesis que refuerzan las audiencias televisivas de programas de actualidad y política. Estos datos nos llevan a concluir que los electores desean tener más información y estar más involucrados en los asuntos públicos. Así lo han interpretado las fuerzas políticas cuyo discurso y programas recogen las demandas ciudadanas de más participación.

Pero hacer procesos de participación con todas las garantías no es sencillo. Para que los ciudadanos se sientan interpelados se deben dar una serie de características como son la seguridad, transparencia, información y accesibilidad.

La seguridad es fundamental, la institución que se comprometa a realizar un proceso participativo debe garantizar a sus ciudadanos tanto la protección de sus datos, como el hecho de un voto certificado. De lo contrario, la buena voluntad del gobernante para realizar un proceso participativo se puede ver empañado por la sombra de la duda sobre el resultado y la limpieza del mismo, enviando un mensaje completamente distinto al que se pretendía comunicar.

La transparencia de todo el proceso es imperativo. Tanto la administración, como las entidades implicadas, como los ciudadanos llamados a participar deben tener conocimiento de todas las fases del proyecto para tener la posibilidad de implicarse en el grado que consideren. Así pues, la institución debe poder ofrecer de forma clara y sencilla la metodología del proceso, sus fases y maneras de participar.

Todo proceso de participación pivota sobre la premisa de que todos los ciudadanos tienen acceso a la información. Así pues, el proceso participativo debe contar con una amplia campaña de comunicación que informe sobre los términos del proceso, las diferentes opciones para producir un debate social que conduzca a cada participante en el proceso a tomar una decisión y opinar con todas las garantías.

La accesibilidad de todos los ciudadanos a participar es aquello que lo dotará de una mayor legitimidad. Una accesibilidad que no solo se dará si la seguridad, la transparencia y la información están garantizadas, sino que tendrá que ver con las facilidades que se le da a la población para participar cualesquiera que sean sus circunstancias de movilidad. Por ello, los procesos de participación electrónicos complementan de forma decisiva los presenciales.

Finalmente, cabe señalar que la participación ciudadana fuera de periodo electoral es una novedad del sistema institucional pese a sus casi 30 años de existencia desde Porto Alegre. Si bien es cierto que existen comunidades que llevan años de experiencia en procesos participativos, todavía están en proceso de generalización y por lo tanto, de introducirse en la cotidianidad de la cultura política de todos los ciudadanos. Las instituciones que se sitúen en la vanguardia de esta cultura política tienen mucho por ganar, porque la implicación ciudadana en los asuntos públicos hace sociedades más fuertes, cohesionadas y satisfechas.

 

Todo para el pueblo, pero con el pueblo.
Suscríbase a nuestra newsletter

Pin It on Pinterest