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¿De quién es la ciudad? Una oportunidad para pasar del discurso a la actuación.

24/10/2017

Zulma Bolívar. Urbanista, Msc. Diseño Urbano, Especialista en Planificación Estratégica Urbana, Gestión y Desarrollo Local. Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela y Presidente del Instituto Metropolitano de Urbanismo Taller Caracas.

A mediados del 2008 se me presentó la oportunidad de salir de la academia para dedicarme a la función pública y poder pasar de la teoría a la práctica. En esa ocasión uno de los candidatos a alcalde del Área Metropolitana de Caracas solicitó mi colaboración para diseñar su programa de gobierno. Era el momento propicio para probar la factibilidad real de transformar el discurso en actuación.

Mi primer cuestionamiento fue identificar quién era mi cliente y tratar de definir de quién es la ciudad. “ALGUIEN” tiene que ser el responsable de atenderla, cuidarla y mantenerla, pero ¿acaso quienes la habitamos hemos definido roles, funciones y responsabilidades, de una forma precisa y funcional, como para obtener buenos resultados?

Estoy convencida de que la ciudad es de “TODOS” los que vivimos en ella, aun cuando elijamos gestores para hacerse cargo de su administración. Cada uno desde su punto de vista, ubicación y desempeño tiene algo que aportar.

Cada ciudad y cada sociedad es diferente, entre ellas varían mucho los niveles de conciencia ciudadana, educación, valores, respeto por las instituciones y las leyes, libertad e inclusive la validación de los derechos humanos. Sobre todo en los llamados “países en desarrollo”.

En sociedades como la venezolana, desde hace un par de décadas, el teórico “deber ser” de las leyes pasa inadvertido por políticos y funcionarios públicos, quienes sin lógica o razonamiento incumplen normas y procesos. En ellas el mayor reto es recuperar LA CIVILIDAD, promoviendo la cultura, la educación y los valores como pilares fundamentales de cualquier plan de desarrollo a futuro.

La ciudad debe ser de “TODOS Y PARA TODOS” porque no hay un responsable único de su control y desarrollo, todos debemos velar por su organización y crecimiento. Estoy segura de que “NADIE”, aún en la más radical de las posturas, quiere ver destruido su entorno o no aspira a vivir con mejor transporte público, servicios o seguridad. “ESO”, es exactamente lo que quieren todas y cada una de las personas que conviven en un mismo espacio urbano.

Josep Centelles, profesor de planificación estratégica urbana, nos recuerda que “La humanidad va avanzando y nadie desea retroceder a los tiempos duros de incomodidades, frío o dolencias ya superadas”, ya que “el motor del progreso es fruto de la acción colectiva, razonamiento bajo el cual han logrado superar eventos catastróficos, naturales, sociales, políticos y económicos las ciudades más exitosas del planeta”. (CIDEU, 2007). Efectivamente “ALGUIEN” debe solucionar nuestras demandas, pero ¿qué hacer mientras no hay consenso entre las “AUTORIDADES”?

La clave para el desarrollo es que las personas se identifiquen con su nación, estado o ciudad, ya que la capacidad de acción colectiva va de la mano a la identidad y la solidaridad de grupo. Por eso, cuando las ciudades están divididas, se dificulta la construcción del futuro deseado. Cuando estamos divididos entre un “NOSOTROS Y ELLOS”… perdemos todos.

Después de ocho años de gestión pública, admito que la gestión de las ciudades es técnicamente compleja y políticamente difícil. Para pasar de la teoría a la práctica se requieren, altísimas dosis de voluntad política y conciencia ciudadana.

Mi ciudad, Caracas continua irremediablemente dividida física y socialmente, así como extremadamente polarizada en términos políticos y económicos.  La ciudad no tiene fronteras ni límites, es un organismo abierto al mundo que asimila sus cambios y es parte de la globalización económica, cultural y social, pero tenemos que ayudarla a cambiar en sentido positivo, transformar su estructura a nuestro favor. Resulta indispensable un cambio político nacional, que promueva la renovación y fortalecimiento de las ciudades.

Como ciudadanos debemos exigir el reajuste de funciones de las autoridades y la coordinación entre ellas, exhortar a la imaginación y a la creatividad como herramientas para lograr un buen gobierno. La ciudad es el primer espacio de relación de las personas y debe ser también el primer espacio de identidad y solidaridad.

Las gestiones más exitosas del mundo nos recuerdan que la actuación conjunta, coordinada y concertada del gobierno y la sociedad civil es básica. Incluso el gobierno más poderoso del mundo cuando actúa unilateralmente resulta ineficaz y sus decisiones se dirigen al desastre. Caracas y el país entero son el mejor ejemplo de la fragmentación de intereses, la ausencia de participación legítima y la falta de coordinación interinstitucional.

¿Cómo pensar en el futuro de una ciudad sin la actuación de los actores claves de su desarrollo? ¿Cómo puede diseñarse un Plan Estratégico para Caracas sin la participación de los distintos niveles de gobierno, las empresas de servicio y el resto de los actores clave?

Porque la ciudad es de TODOS, resulta necesario incluir en el diseño de las políticas y estrategias a aquellas personas, organizaciones o representantes de grupos sociales que disponen de recursos de poder suficientes para perturbar el funcionamiento de las reglas y afectar la toma de decisiones colectivas, ya sea por su capacidad de veto o bloqueo, por su capacidad de acelerar o reconducir las decisiones hacia sus intereses. La variedad de actores estratégicos puede ser muy amplia y no permanente, pero su participación es indispensable, sin su participación no hay ciudad posible.

Para Caracas queremos un plan hecho en Venezuela, un proyecto de futuro compartido por todos, coordinado por la Institución Metropolitana, pero con la participación de todos los gobiernos locales, las academias, los empresarios y la sociedad civil. Un PLAN elaborado en libertad para ejecutarlo en Democracia.

 

¿De quién es la ciudad? Una oportunidad para pasar del discurso a la actuación.
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