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Participar es convivir.

31/08/2017

Yolanda Martín. Técnica de Participación Ciudadana y Convivencia en la administración pública local.

La participación ciudadana configura la manera de vivir y, por tanto, de convivir. Se trata de una manera de establecer los mecanismos con los que nos relacionamos y que nos hacen partícipes de la vida en nuestro entorno más cercano. La convivencia se define como un concepto que contiene necesariamente la interacción como elemento indispensable, una interacción entre administración, ciudadanía, tejido social, mercados… que implica participar en diferentes niveles. Esta conexión requiere el trabajo conjunto de ambos aspectos, no como dos elementos diferenciados sino como un todo en el que no podemos incidir en uno sin afectar al otro.

En los últimos años se han producido una serie de cambios  a nivel global materializados y visibles especialmente en el ámbito local. Estos han supuesto una verdadera revolución a nivel general y en relación a los modelos de gestión de las políticas públicas en particular.

Una sociedad cada vez más heterogénea, diversificada e individualista comporta unas necesidades sociales más complejas y, al mismo tiempo, requiere de respuestas más específicas. Ante estos cambios sociales, la participación y la acción comunitaria se convierten en herramientas fundamentales para la creación de cohesión social, el verdadero motor de la convivencia.

La crisis económica ha generado nuevos retos de emergencia social para dar respuesta a esas necesidades que surgían mientras se producía una mengua en los recursos y en la capacidad para afrontarlas. A todo ello hay que sumar que la competencia por los recursos, ya existente antes de la crisis, se ha multiplicado por tres, dando más posibilidades a que surjan discursos y posturas de confrontación entre diferentes colectivos.

Otro de los componentes que influyen en este cambio de época es la imponente aparición de las nuevas tecnologías. No sólo representan nuevas herramientas de trabajo, gestión o organización sino que introducen nuevas reglas del juego. La tecnología afecta en la manera de relacionarnos pero si aprovechamos sus virtudes puede facilitar la acción colectiva, mejorar la comunicación y aumentar la capacidad de conectividad.

Los movimientos socio-políticos de los últimos años han puesto en evidencia la desconfianza y el desgaste de la ciudadanía respecto a las instituciones públicas y los políticos en general. Del mismo modo, muestran un aumento por el interés en la política, una mayor exigencia y una demanda de transparencia y de protagonismo en los asuntos públicos. Este interés acerca a la ciudadanía a puntos de encuentro anteriormente ocupados por un conjunto limitado de personas (casi siempre las mismas) y facilita la interacción positiva, el intercambio, la empatía y el refuerzo de los vínculos entre las personas y su entorno. Este empoderamiento de la ciudadanía aporta, de manera simultánea, los fundamentos para la gestión de los conflictos derivados de la convivencia y las herramientas que aseguren la representatividad  de los discursos en los espacios de participación, más allá de la representatividad basada en el ranking cuantitativo.

Si la cohesión social y la convivencia en la diversidad representa el escenario posible para la participación, ésta se configura como una oportunidad de construir espacios de convivencia, modelos de ciudad y vínculos identitarios. Eso no será posible si no está presente la igualdad de oportunidades y si no se dan oportunidades para la igualdad. Una igualdad de oportunidades que vaya más allá del acceso a los recursos, que ofrezca posibilidades para la participación social, que permita la movilidad social y la visibilidad pública de la diversidad.

En definitiva, cuando nos referimos a la cohesión social hablamos de convivencia y de participación. Una sociedad desvinculada que sólo comparte un espacio físico difícilmente podrá asumir los retos de la vida en comunidad. Nadie puede negar que el individualismo actual y el aumento de la complejidad en lo que a formas de vida y categorías de la diversidad se refiere plantea nuevos retos de trabajo explícito a la hora de construir nuestras ciudades. La administración debe liderar, conjuntamente con la ciudadanía, la creación de espacios de encuentro en los que se fomente el reconocimiento de la diversidad y la igualdad guiados por la interacción positiva. Esa interacción será mucho más efectiva en el fomento de la cohesión si contiene objetivos y retos comunes, cosas que llevar a cabo juntos. La democracia directa añade un plus a la ya conocida democracia representativa que ha quedado diluida y se ha demostrado insuficiente en el reto de construcción conjunta y responsabilidad activa de la ciudadanía. Por ese motivo, es necesario velar para que la ciudadanía pueda ejercer sus derechos y deberes en condiciones de igualdad. Al fin y al cabo, eso significa ofrecer las oportunidades, las herramientas para participar y convivir en equidad.

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