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La nueva gestión de lo público.

09/10/2017

Paul Gurmendi. Tech For Society.

Es evidente que existe un debate sobre la legitimidad de “ceder” la decisión sobre aspectos que conciernen a la gestión pública. ¿Debe un grupo de ciudadanos, un colectivo u otro ente, decidir sobre un tema concreto trasladado mediante un proceso de participación en el cual ha tomado parte? ¿Qué legitimidad tienen la decisión o conclusiones tomadas en el seno de un proceso? Llegado el caso, si se determina que la decisión tomada en un proceso participativo tiene algún tipo de responsabilidad, ¿recae sobre sus participantes?

Respondiendo a las preguntas planteadas, mi opinión es clara. El cargo político es quien ostenta la legitimidad y, por consiguiente, es quien, en último término, decide y asume, tanto política como administrativa o legalmente, las responsabilidades para bien o para mal. Esto no quita que sea necesario abrir la gestión, en definitiva impulsar la participación, para así responder a las demandas y expectativas sociales y mejorar la calidad de vida de las personas dentro de ámbito de influencia de la administración en cuestión.

Y es precisamente aquí, donde los procesos participativos aportan una toma de contacto real a la gestión de lo público clarificando qué es lo que la ciudadanía realmente desea, necesita o requiere, sobre todo tipo de plan, actuación, programa o iniciativa que difícilmente pueden venir definidos en los programas de gobierno. Pero no olvidemos que el objetivo de la participación debe ser obtener una participación adecuada en cantidad, calidad y representatividad. Por un lado para aportar mayor legitimidad a lo tratado en ellos y, por otro, para que las conclusiones de la misma sean un fiel reflejo del asunto tratado, habiéndose tomado en consideración todo el ámbito de actuación que a ella aplique.

Por último, no caigamos en el error de otorgar valor a procesos mal diseñados, mal concluidos o simplemente con una inadecuada caracterización. En este sentido, los procesos exclusivamente presenciales tienen un límite que por razones operativas o presupuestarias no pueden superarse y, por tanto, desde la propia metodología nacen con un alcance limitado. Las nuevas tecnologías, unido con acciones presenciales, aportan un elemento clave: poder ampliar el impacto del mismo por un coste bajo.

 

 

La nueva gestión de lo público.
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