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El Gobierno Abierto como factor de innovación

31/08/2017

Carles Agustí i Hernàndez. Director de Gobierno Abierto en la Diputación de Barcelona.

Los cambios en la sociedad, que han tenido lugar en los últimos años o décadas, nos han brindado una gran oportunidad de transformación en la administración pública, en la manera como ésta se comunica con los ciudadanos -y viceversa- y también en la manera de hacer política. Podríamos afirmar que la evolución y la presión que ha ejercido tanto la gente como la sociedad, han propiciado este cambio totalmente irrenunciable. Quien no entienda o comparta esta idea, simplemente ha quedado obsoleto.

Por un factor de evolución social y generacional, se ha pasado de la sociedad eminentemente pasiva de finales de los 80 y principios de los 90 (que se limitaba a votar cada 4 años cediendo la responsabilidad a los electos, en plena consolidación democrática tras 40 años de dictadura), a una sociedad más activa y con consciencia de ella misma y de sus derechos; una sociedad que quiere saber, conocer, participar y aportar. Se trata de un cambio tan potente que no sólo no podemos resistirnos a él sino que lo debemos tomar como una oportunidad.

Han habido y habrán muchas fórmulas y acciones de respuesta ante este fenómeno. Pero, quizás, la más consolidada, con sus diferentes variables y acentos, es la que conocemos como Gobierno Abierto. El Gobierno Abierto es la respuesta a las demandas de cambio de la gente en los modos de gobernar y hacer política; es la unificación de transparencia, participación ciudadana y datos abiertos en una sola estrategia, afectando de manera transversal a toda la organización. No sólo se trata de una una página web sino que estamos frente a un cambio de paradigma en la relación entre administración y ciudadanos; un cambio cultural -externo e interno- basado en la apertura, la transparencia, la pedagogía y la implicación ciudadana.

Y tan importante es conocer y saber situar el Gobierno Abierto como entender que no estamos hablando de políticas de fachada sino de cambios reales y profundos en las estructuras clásicas de la administración pública, en los partidos políticos y en el modo de interacción entre estos elementos y los ciudadanos.

No creer en el modelo pero aparentar o esconder políticas unidireccionales bajo el aspecto de transversales son dos clásicos defectos de políticas que se intentan presentar como Gobierno Abierto pero que no lo son. En cuestiones de transparencia no es suficiente con cumplir las leyes o hacer un “check list” de lo que tenemos y de lo que no, sino que hay que tener una actitud transparente. En Open Data, si no hay una gestión real y organizada y un seguimiento de los datos, ni sabremos ni podremos sacar partido de ellos. Definitivamente, el cambio más profundo lo encontramos en la participación ciudadana. El Gobierno Abierto supone el fin de las obsoletas políticas clásicas de participación, entendidas como un factor aislado: consejos de barrio, procesos participativos en el sentido clásico, donde siempre participan los mismos…  Esos procedimientos carecen de sentido si no se integran en una lógica conjunta de gobierno abierto y como herramientas no de distracción sino de acercamiento al sentir ciudadano, en el que lo que cuenta es la calidad y no la cantidad.

Más allá del cambio político, el Gobierno Abierto también es una gran oportunidad de cambio, transformación e innovación en la gestión pública ya que obliga, transforma y cambia esquemas. Aprovechémoslo.

 

El Gobierno Abierto como factor de innovación
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