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Consenso, convencimiento, recursos, paciencia, prudencia y tiempo: los ingredientes fundamentales de la receta para construir un Buen Gobierno.

19/10/2017

Antxon Gallego Solaetxe. Ibatuz. Gobierno Abierto, Participación, Nuevas Tecnologías.

Las Administraciones Públicas se enfrentan al reto de integrar una nueva cultura de la comunicación, un modelo organizativo actualizado y la liberación del talento creativo tanto dentro como fuera de los perímetros de sus funciones y competencias.

Este desafío plantea una forma de concebir el papel de los gobernantes, del sector público y de la ciudadanía como actores protagonistas y colaboradores necesarios, bajo unas premisas de actuación e interacción distintas, en la implementación, gestión y/o evaluación de las políticas públicas.

Al mismo tiempo,  implica un conjunto de medidas para avanzar hacia un modelo de gestión pública que incluya la transparencia, la rendición de cuentas, la colaboración público-privada y la participación ciudadana en la cotidianidad del quehacer político y administrativo e interiorizar los conceptos y principios rectores del Buen Gobierno concebidos como una forma natural de gestionar lo público, ofreciendo un marco general realista, adaptado a su idiosincrasia, estructurado y, sobre todo, eficaz.

Un protocolo u hoja de ruta que agilice el tránsito hacia modelos innovadores y adaptados a escenarios sociales, políticos y económicos emergentes que  garanticen la integración de  la innovación sistemática en las formas de gobierno y en la prestación de servicios, apostar por la transversalidad como herramienta organizativa orientada a una mejor toma de decisiones y avanzar hacia un gobierno relacional  y en el uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo de un modelo de gobernanza que incorpore la participación, el debate y la deliberación.

Modelos de gestión pública en los que la participación ciudadana sea identificada como uno de los pilares del buen gobierno que no puede ser concebida ni planteada bajo ningún concepto como un canto a la abstracción: exige claridad y concreción. Requiere planificar y responder a qué (tema), quiénes (roles), cómo (métodos), con qué recursos (nuevas tecnologías, presupuesto, etc.), cuándo (tiempos), por qué (razones) y para qué (objetivos), definiendo con claridad las reglas de juego y los compromisos a lo largo del proceso y también al final del mismo.

Mecanismos de participación ciudadana que no deben replicar y/o reemplazar a los procesos representativos. Es más, los casos en que las nuevas formas de participación han funcionado de manera más efectiva son aquellas en las que éstas refuerzan el proceso representativo en lugar de pasarlo por alto. Son complementarias y se refuerzan mutuamente.

Ya no existe duda alguna de que estas nuevas formas de concebir la gestión pública no son una moda pasajera. Han llegado para quedarse.

Un nuevo paradigma en el que las instituciones formales (normas y reglamentos) e informales fomentan la transparencia, la rendición de cuentas, la efectividad, la coherencia, participación, la integridad y la objetividad o imparcialidad a través de la creación de normas, la generación de los procesos adecuados para que dichas normas se hagan reales e implementables y la constitución de los órganos que aseguren que esas instituciones y sus procesos se desarrollan adecuadamente.

La paciencia, prudencia y, sobre todo, el tiempo y sus circunstancias nos darán o quitarán la razón.

 

Consenso, convencimiento, recursos, paciencia, prudencia y tiempo: los ingredientes fundamentales de la receta para construir un Buen Gobierno.
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